martes 15 de diciembre de 2009

de la Nación del Caos

Duda cruel de la miseria humana es la angustia en la que está destinado a correr desesperado el hombre. Espiral incorruptible del que corremos exasperados con las manos puestas en abarcarlo todo, tratando de atarse a algo, de poseer todo lo posible con el cuerpo entero. Desesperados caemos desde el cielo de los no existires hasta la tierra de las no verdades para correr contra el tiempo, para correr contra nosotros mismos. Explotamos sin importar más nada, con anhelos de poder, buscamos nuestra paz inventando para creer; creemos para respirar. Somos la nación del caos. Actuamos desde nacer por pánico. Por pánico amamos y por pánico ignoramos. Por pánico ansiamos saberlo todo. Por pánico las guerras, las paces, las religiones y las naciones. Por pánico las leyes, por pánico las familias y por pánico es que nos hierve la sangre en las venas.
En un torbellino giramos jadeantes, y escupimos nuestra angustia en sinfonías, óleos y poemas. Vomitamos nuestra calumnia en tragedia, la tragedia en cataclismo. El caos es con nosotros. ¡Somos los hombres los únicos que de esta angustia maldita pecamos!. Somos los hombres los únicos condenados a la frustración de nunca saber nada queriendo saberlo todo, queriendo entender en lo más mínimo algo. El pánico de la historia y las filosofías. Porque por castigo es que la razón nos ha sido dada; condenados somos por ella al vacío, para con ella obstaculizarnos la vida, para ahogarnos en la inexorable confusión - es por la razón que se nos da tan bien la irracionalidad.
 
"Oh fortuna, velut luna, statu variabilis. Semper crescis, aut descrescis, vita detestabilis. Nunc obdurat, et tunc curat, ludo mentis aciem."


domingo 29 de noviembre de 2009

Si el secreto fuera nuestro, no sería secreto.

Pienso yo que en el mundo no han habido tantos secretos como parece. Sólo han habido ciertas cosas que en su momento nadie se ha interesado en observar y se han tergiversado de modo que los siglos las han hecho parecer interesantes para los que ya no podemos observarlas. Con esta idea, mi mente se refiere a cierta idea lacaniana: "para que el deseo pueda seguir existiendo, necesita que sus objetos estén permanentemente ausentes". Demostración empírica de como los saberes se anidan en nuestro inconsciente y bajo nuestros paladares. Tal como la relación Lacan-Pascal, y Lacan-Pascal-quién les escribe y quien lo apruebe. Y bajo el inconsciente colectivo es precisamente donde se encuentran estos objetos ausentes, estos saberes inaccesibles, salvaguardados en la autoignorancia, de la que como humanos, habitualmente pecamos. No hay para mí realmente otro pecado, aunque hace años me han dejado de interesar aquellas cosas que sólo por supuestamente secretas buscamos; me parece más interesante a largo plazo tratar de prestar atención a las cosas que hoy tengo alrededor siendo insignificantes y que en siglos podrían ser la creme de la creme de los saberes ocultistas. Pero claro que las cosas a largo plazo no suelen ser las más divertidas (aunque sí las más entre-tenidas).

martes 17 de noviembre de 2009

Madurar y otros delirios

"Yo te sigo porque creo que en el fondo hay algo".
Serse leal a sí mismo es asumir la rabia, es darle cabida y su espacio, es darle el derecho de ser, con la obligatoria y obvia condición de tener igual valor para asumir retractaciones y con ellas sus redenciones, resistiéndose siempre al arrepentimiento, cuando las ganas de dejarlas de lado vuelvan. Evitar el arrepentimiento es actuar con decisión y responsabilidad para decir "erré, pero no me culpo", solucionarlo y seguir.
Madurar es dar el paso. En todo sentido. Dar el paso, pero darlo bien dado. Caminar sin miedo, mas en el momento exacto quitar del camino los obstáculos, contraer el impulso, pensarlo dos y tres veces, y dar el paso. Si madura mi persona me da igual; me importa madurar mi amor. Porque sigo confiando en él de algún modo.
No consiste sólo en no tener ese miedo absurdo; consiste en dar el paso aún teniéndolo a flor de piel. Arriesgarse por lo que vale la pena y darle una oportunidad a lo que dice la piel misma por sobre la razón... de este modo si las cosas salen mal, sabré al menos que fui fiel, y es así como la vida siempre me es un avance y que te sigo porque creo que en el fondo hay algo.

domingo 8 de noviembre de 2009

Exposición

Si tuviera que escribir algo, escribiría un largo silencio. Para mayor precisión escribiría la descripción pictórica o incluso cinematográfica de una un mujer un tanto más agraciada que yo, con una expresión de sorpresa disimulada, de esas que no se notan necesariamente en algún rasgo de la cara pero que se identifican desde lejos. Tendría el proceso de esa típica metamorfosis facial que va dando cuenta de un descubrimiento indeseado, de cuando todo el puzzle empieza a cuadrar y lo va haciendo de una forma horrible. No diría nada, porque entendería que se queda sin nada que decir; que todo lo que ha dicho hasta entonces no vale nada, y que todo ha sido un gran, un tremendo error.
En el punto en que se empezara a tomar el pelo con las manos y se dispondría a salir corriendo, entonces de seguro me quedaría tan con ella en el personaje que no podría seguir más y esperaría la llegada del verdadero narrador omnipresente, para que me librase del sólo hecho de escribir y pronunciar en mi cabeza las palabras que pondría en letras. Y esperaría entonces sentada solamente como cuando voy al cine, a ver como en el teatro qué le passará a esa mujer, con rasgos más finos que yo y con exactamente la misma idea en la cabeza.

viernes 6 de noviembre de 2009

Nudos varios

Hay que tener cuidado. Si te pasas un poco del límite con las cuerdas puede que la próxima vez que tiren de la tuya lo único que consigan sea el tirón de vuelta; que son más de quinientos los nudos que te has puesto en los pies y las cuerdas que de trampas has vestido en los alrededores - llámalo tú por hacer las cosas mejores, por hacer las cosas a tus parámetros -. Pero hay que tener cuidado: si el parámetro reduces tanto, la próxima vez que quieras hablar encontrarás que tu voz será el silencio mismo y el próximo paso que des te azotará con el letrero en la cara que te lo dirá: acabaste con todos los caminos posibles antes incluso de haberlos mirado.

lunes 2 de noviembre de 2009

Entre páginas

A ratos cuadra todo demasiado... como cuando cierro el libro justo cuando me es la hora de partir, y acababa de terminar y aún así me quedo allí.
La perfección tiene su reflejo y siempre es como si me se me quedara parte de un suspiro entre la tinta de las páginas que con certeza volveré a recorrer más tarde. Es un suspiro que no se cansa.
Y cuando camino entonces de vuelta a casa, quiero mirar el suelo, mirar el suelo o el cielo; mirar al frente no me parece sensato. No me parecería justo ni para nada acorde a lo que llevo en la cabeza y en los pasos.

martes 20 de octubre de 2009

Cerrojos

Toda la vida he vuelto a revisar los pestillos de las puertas justo después de haber ido a cerrarlos.
Es una escena que he visto ya suficientes veces como para interiormente dejar de tomar nota de ella, y simplemente insertar la misma imagen vieja encima de la nueva día tras día. Todos los días. Tanto que quizás si alguna noche cambiara este segundo del ciclo, y los pestillos no estuvieran puestos, simplemente no lo notaría. Mas, realmente, siempre he estado totalmente segura de que están cerradas las puertas cuando es hora de volver a cerciorarme. Siempre he estado segura y aún así en una batalla contra mí misma y con cara de recibir una orden de mala gana, me dirijo a la revisión diaria cada vez sin reproches.
Supongo que en el fondo siempre he guardado la esperanza de que me haya equivocado y haya echado un cerrojo imaginario. Que me haya automatizado este movimiento a tal punto, que lo inserte en mi recuerdo a cierta hora sin más y las puertas no estén realmente cerradas como deberían. Que haya automatizado hasta la imaginación y que despierte por ello del sueño de la inercia y logre sobreponer mi vista a la idílica escena que pasa por frente mis ojos sin ser parte de ellos.
... Supongo que siempre he tenido la esperanza de haberme equivocado cuando echo revisión a las cosas que ya he mirado.
Que de las esperanzas nadie dijo que sólo debían haber virtudes.