Alguien pedía una mano
alguien daba gritos desesperados
alguien clamaba un poco
de esperanza
otros giramos la mirada
y creyendo aprender del error
no aprendimos nada
Creía que lo hacía bien
y me daba cuenta un poco que no
pero ahí estaba
tenía por alimento
lo que por él no daba nada
y llorando lo que no tenía
por más que lo merecía
me quedé con el tiempo
simplemente sin nada
sólo esta culpa silenciosa
porque qué más dará ahora
llorar
cuando ya realmente nada
nada hay que se pueda hacer
para aminorar el peso en mi mente
de que te moriste de pena
gritándole mi nombre
a orejas sordas y ciegas.
jueves 15 de diciembre de 2011
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