Cada persona es dueña de un segundo. Solamente de un segundo. Pero el recuerdo es otra especie de animal distinto, del cuál debiera empezar a preocuparme otro tanto.
No sé si seré sólo yo que olvida esas cosas. Lo que me sorprende es que si no fuera por esos pequeños recuerdos visibles: palabras escritas, fotos, objetos tangibles, y otros, no recordaría nada de todo eso que por esos años jurábamos nunca olvidar. Supongo (o quiero suponer) que en realidad uno no olvida del todo, que igual quedan grabadas esas personas en tu historia personal y en la configuración de lo que eres. Sería lindo asegurarlo, pero lo supongo solamente y no me meto más, porque me refiero a la otra memoria, a la que guarda datos concretos. Lo que quiero decir es que hay tantos objetos, tantas otras cartas que seguramente todavía no encuentro y que refieren a tantas otras personas o situaciones que todavía no recuerdo y no recordaré nunca, pero estuvieron. ¿Cuánto de eso que era para siempre entonces se me olvidó por completo?.
Que no se me malentienda. Lo que me sorprende no es que las cosas cambien ni que exista el olvido. No me sorprende que alguien que era el mundo pase a no significar nada. Tengo bastante claro que cada vez que uno dice “para siempre” está en verdad arriesgando algo que está mucho más allá de nuestras manos. Soy consciente del engaño que es ese tan infantil de creer que toda amistad y relación interpersonal sobrevivirá al paso del tiempo y al olvido. Sé que ese tipo olvido lo arrasa casi todo y no es algo que me preocupe.
Pero una cosa es que el valor que se le asigna a las personas vaya rotando, que los caminos se vayan separando, que un día ya no se esté tan cercano como otro... y otra cosa es alejarse y luego olvidarse por completo de que todo eso había pasado. Olvidarlo en un sentido nemotécnico.
Y curiosamente recuerdo más detalles de aquellas personas que pasaron y se fueron de una manera dolorosa, y menos de los que fueron de una manera natural, por el peso del tiempo, por el paso del cambio. Y hoy día las saludo con sonrisas ignorando que alguna vez me hubieran dicho todas esas palabras que recibí y devolví de buena gana durante años pasados, sino fuera porque un día encuentro algo que me recuerde que todo eso pasó. ¿Recordarán ellos las palabras mías sin necesidad –como yo- de indagar en los recuerdos y verlas ahí mismo escritas e inmortalizadas?. Quizás sí. Quizás no.
¿Qué es lo que busca la memoria y qué es lo que elige para guardar? ¿Por qué me acuerdo de los nombres de tantos compañeros de kinder y no de la dirección del que era mi mejor amigo en esos años? ¿Por qué se me olvida que la vecina fue tan amiga mía y que a lo mejor por eso ahora me gusta tanto recogerle el tarro de la basura cuando se le vuela al pasto? ¿Por qué me olvida que esa persona que me saluda siempre y cuyo nombre no recuerdo había sido aparentemente en el pasado tan importante? ¿Por qué se me olvida el nombre de una persona que hace años me acompañaba hasta al hospital y me acuerdo de ello sólo porque lo vi en una foto? ¿Me habría acordado algún día si no fuera porque encuentro algún objeto que me lo pruebe? ¿Por qué se me olvida que alguna vez me junté a conversar tan profundamente con alguien que ahora sólo es un excompañero? ¿Por qué se me había olvidado que alguna vez viajé kilómetros y kilómetros sólo para visitar a alguien cuyo nombre hoy día a penas me sonaba como que algún día me cayó bien? ¿Cómo se me puede olvidar tanto?
No sé si ha sido todo esto un problema de mi malísima memoria o que realmente he estado mal enfocada. Tarea para la casa.
Peligroso andarse olvidando así de fácil si vamos a andar confiando.
lunes 26 de diciembre de 2011
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